jueves, 2 de abril de 2009

COSAS VIEJAS.

"Daría cualquier cosa por un poco de paz mental" 
(estribillo de "I'm so tired", de John Lennon - Paul Mc Cartney, 1968)

Como lo escribí hace un par de días atrás, estoy desconcertado. Este año me decidí a cerrar varias cuentas pendientes que tengo conmigo mismo, con los demás, con la vida, con San Pedro y su comitiva, y con quien saque turno y se siente en la sala de espera. Ya no doy más, no puedo seguir adelante cargando con tantas cosas que arrastro desde hace algunos años atrás. Más o menos desde 1999 para acá.
Aquel año fue crucial para mí. Tuve una pelea con Dany que nos distanció muchos meses, y reconstruir el vínculo llevó demasiado tiempo. Nunca más fuimos lo que éramos, si bien nos acercamos, pero no llegamos al nivel de intimidad de antes. Ni él ni yo.
Decía, cuando nos abrimos coincidió con su renuncia al trabajo donde aparte de amigos éramos compañeros. Fueron casi 3 años de vernos casi todo el día de lunes a viernes y los sábados y domingos también. Cuando se fue, me sentí vacío. Además, comencé el CBC y corté las salidas a bailar. Me separé del grupo de amigos un tiempo para no cruzarnos. Caí en que mi vida estaba en el laburo; fuera de él, nada. Me llevó a una crisis primero y una revelación después: todos los lugares a los que quería salir, ahora podía hacerlo solo. Odiaba ir a bailar. Como no gastaba en boliches, iba a la cancha, me compraba ropa, discos, lo que necesitara. Me iba a tomar algo solo, y meditar sobre mi vida y  de vez en cuando algún puterío. Venía de hacer el duelo después del fracaso con Rocío, la pelea con mi mejor amigo y cortarme solo del grupo (Caito andaba de novio a punto de casarse, Andrés andaba en otra internación de tantas, Ramón, Dany y Pablo cambiaban de mina más rápido que de calzoncillos y Guillermo comenzaba a abrirse pero para siempre...).
Eso era mi vida. Lunes a viernes del laburo a Ciudad Universitaria y de ahí a casa. Fines de semana en casa con mi hermano menor, alguna salida al centro a comprar algo, la cancha de Huracán, Parque Rivadavia buscando discos interesantes, ver a algún primo o prima y basta. No extrañaba los boliches, sufría ahí adentro.
Siempre supe que mi media naranja no la hallaría justo ahí.
A todo esto, me dieron ganas de ir a terapia. Necesitaba dar un timonazo a mi vida y urgente. Empecé terapia grupal, duró unos 9, 10 meses. 
Mientras las sesiones avanzaban y me decía a mí mismo de qué me servía tener plata en el bolsillo si no tenía con quién compartirla, arranqué el segundo cuatrimestre del CBC. En una de las clases de Semiología apareció ella; sí, ella. Apenas la vi entrar se me detuvo el mundo. Pasó a mi lado sin verme y me di vuelta para contemplarla. Me decía qué le ví a esa flaca con esa pinta de hippy loca. Se sentó cerca mío y se puso a hablar con uno de los pibes. No sé por qué me agarró una desesperación de ir a hablarle, de saber de ella. No me animé. Sufría por mi cobardía. Terminó la clase y me fui rápido para tomar el bondi, era martes y al otro día entraba al laburo a las 7. Llego a la parada del 28 y ¡zas! subieron los dos. La miraba y me derretía. Ni se dieron cuenta que estaba a dos asientos.
Bajé en Gral Paz y Rivadavia para tomar el Sarmiento. Fui rápido para que no ¡creyeran que los seguía!. Subo al anden, prendo un Chesterfield (los que fumaba en esos años) y por la vereda pasaron todavía hablando. Sentí un golpe fuerte en el pecho al verla.
-Uf, soy un cagón, ni me animé a acercarme-
Me pasé esos días pensando en esa chica. En el laburo me gastaban por mis cuelgues.
Llegó el viernes y la vi de nuevo. Me propuse acercarme y... no lo hice. Hasta que una vez, descubrí que el pibe ese era compañero mío en Antropología. Con la excusa del parcial, me acerqué a él y me puse a hablar de los temas. Congeniamos al toque. Al terminar la clase, me dijo que vayamos juntos a Semiología. Me temblaban las piernas
-Voy a conocer a esta chica!!!-
Y justo no fue. Qué yeta pensaba.
Al otro viernes recién la ví. Justo era el parcial de Semiología. Terminó Carlitos el suyo y se fue. Miré para atrás y ahí estaba, concentrada en el suyo. 
Ah, Carlitos era el pibe este que hablaba con ella.
Terminé yo y al salir estaba esperando.
-¿Cómo te fue?-
-Hice todo, pero ni idea ¿vamos?-
-No, esperemos a mi amiga, de paso te la presento- Ese "te la presento" me revolucionó. Me dio cagazo en serio, me daban ganas de irme pero era tan fuerte el deseo de conocerla que me hizo quedar. Al fin salió y vino a nosotros. Le preguntó cómo le fue, dijo que bien, cuando me miró por primera vez a los ojos.
-¡Hola!. ¿Vos estás en Semiología también?- se acercó y me dio un beso. Juro que verla venir a mí y rozarme con su piel me trastornó. Apenas le dije hola.
-Qué les parece si vamos a morfar algo, tengo hambre- dijo Carlitos. Nos fuimos al puesto de panchos a la salida del pabellón 3 y pedimos uno para cada uno. Al sentarnos, a ella se le escurrió de las manos y cayó de lleno en mi carpeta llenándola de mostaza.
-Uh, qué pelotuda soy, te ensucié la carpeta!!!- lo dijo con tanta gracia que me reí de buena gana.
-Si se me cae a mí me putea- dijo Carlitos.
Como era viernes ni me importó la hora. Y como estaba con ella menos.
Al otro martes Carlitos no vino. Llegué al aula de semiología con la certeza que ahora que nos conocimos podría estar con la chica a solas y conocerla bien. Cuando vi que no venía me agarró una tristeza terrible, se me pusieron los ojos rojos. 
-Sos un boludo Chris, una sola vez le hablaste, encima con esa facha no parece una chica para vos. Mirate, sos demasiado formal para ser su amigo, y menos su pareja-
No me hice caso. Me dieron ganas de irme a la mierda pero banqué que termine la clase. Me iba cuando.... apareció en la puerta del aula y me saludó con la mano de afuera. Me volvió el alma al cuerpo!.
-¿No vino Carlitos?-
-No, y creí que vos tampoco, hola-
-Hola ¿Cómo estás?-
-Bien, algo cansado. Laburo y estudio me mata-
-Yo también laburo-
-¿Sí, por eso no viniste?-
-Vine a las 7, pasa que me encontré con una amiga y me pidió para hablar con ella-
Me quedé callado, seguíamos parados en la puerta del aula.
-¿Vamos a tomar el 28?-
-Vayamos- Comenzamos la caminata y hablamos de boludeces sin sentido, por dentro pensaba de qué podía hablar con ella si nada nos unía.
Tenía un cagazo padre.
Llegamos a la parada, subimos y nos sentamos juntos. Tenerla al lado mío me daba más nervios, pero me moría de ganas y estaba contento de haberle podido hablar. Pero era tanta la timidez que sentía que no dije nada. Agaché la cabeza.
-Eh, qué te pasa, me dijiste que estabas bien pero no te creo nada ahora, ¿no querés contarme? Dale, contame- Me agarró del brazo y levanté la vista y la miré a los ojos. Me miraba de tal manera que abrí la boca y como nunca había hecho antes con otra persona, le largué el rollo desde Nuñez hasta Liniers. Bajamos del bondi y seguimos hasta la estación.
-Hasta acá llegamos-
-Sí, ¿vos para dónde vas?-
-Tomo el 174-
-Che flaca, me encantó hablar con vos, no me imaginé que eras así-
-¡¿Así cómo!?-
-De la manera que hablamos y me escuchaste-
-Ah, digo lo mismo, el otro día te presté atención y me parecés tan colgado, tan introvertido-
Nos reímos los dos.
-Sí, a Carlitos le dije que parecés un lunático, me llamaste la atención en serio, me daban ganas de conocerte mejor-
Cuando oí esto me puse re contento.
-¿En serio que querías conocerme mejor?-
-Sí, sos muy tímido, muy introvertido-
-Por eso hago terapia-
Volvimos a reirnos los dos.
-¿Sabés una cosa?. No sé tu nombre-
-Uh, tenés razón, nos conocimos hace una semana y ni sé cómo te llamás!!-
-¿Cómo te llamás?-
-VERÓNICA ¿y vos?-
-Verónica... qué hermoso nombre, me encanta-
-¿En serio te gusta?-
-Sí!!- eso es cierto...
-¿El tuyo?-
-Christian-
-Uauh, Christian, es re lindo. Cómo me gusta ese nombre-
Nos quedamos callados unos segundos mirándonos. Nos reímos y nos despedimos.
-Chau Verónica, te veo el viernes, me gustó mucho hablar con vos-
-Chau Chris, me encantó hablar con vos, en serio. El viernes seguimos. Cuidate-
Así fue cómo conocí a Verónica y llegó a mi vida. Era Septiembre de 1999.
Al otro viernes cuando Carlitos vino a cursar y nos encontró hablando muy animadamente nos cargó.
-Eh, un día que no vengo y ya están casi a los besos-

Retrocedo. Aquel martes a la noche fue mágico, después de ese día mi vida dejó de ser igual.
Vero llegó para quedarse y sin pedir permiso. Como si el destino estuviera haciendo espacio en mi corazón para que ella se instale a sus anchas. 
10 años después, no se equivocó. Y ante la posibilidad que se marche, tal vez un poco de mí se muera. Es que sigo sintiendo lo mismo que cuando la vi entrar por primera vez a aquella aula.
Lo admito, la amo.

Bye
Chris-

1 comentario:

Zorra.- dijo...

Guauuuuu, supongo q hay personas q no acceden al blog.-

MINUTO A MINUTO!

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